Situado en la provincia de Cuenca, en un cerrado meandro del río Júcar se yergue el promontorio sobre el que se asienta la localidad. Está declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1981.

Con antecedentes íberos y romanos, este poblado entra en la historia tras ser ocupado por los árabes, a quienes debe su nombre (alarcón = ‘la fortaleza’) y la construcción del primitivo castillo del que deriva el actual.

La historia de Alarcón está ligada a la de su castillo y viene determinada por su condición de plaza fortificada, lo que le valdría el ser cabeza de una de las regiones del antiguo Señorío de Villena. No obstante, no es el castillo el único valioso elemento de su patrimonio monumental. Cuenta también con una variada arquitectura, tanto religiosa (iglesias de Santo Domingo de Silos, de San Juan Bautista, la Santa Trinidad, Santa María, y la ermita de Santa María de la Orden), como civil (el Ayuntamiento, la Casa de Villena y el palacio de los Castañeda).

El castillo conserva parte de su aroma musulmán pero sus posteriores reformas nos imbuyen de medievo que corrige, tras la reconquista, su estructura. Entre sus torres y sus defensas destaca la Torre del Homenaje, que se impone desde cualquier rincón del entorno y corona la estampa de manera inapelable. El castillo actualmente es un Parador Nacional.
En este castillo escribió el infante don Juan Manuel sus cuentos del conde Lucanor y formó el Marquesado de Villena. Alfonso X le concedió a la villa el fuero de Cuenca. Y en las antiguas dependencias de la fortaleza se fundaron los temibles tercios de Alarcón, que combatieron en la batalla de las Navas de Tolosa.

La leyenda del castillo de Alarcón cuenta cómo los bloques de piedra del muro que lo rodea se tiñeron de sangre, presentando en la actualidad unas curiosas manchas negras y rojizas entre la argamasa.
En tiempos lejanos vivía en el castillo el señor de toda la zona. Tenía este una hermana muy hermosa y casadera que muchos pretendientes deseaban. Entre ellos, el hijo del señor de otras tierras cercanas, famoso por su mala vida; por ello, al primer intento de pedir su mano fue echado sin contemplación.

Tiempo después llegó a conocimiento del señor del castillo el profundo rencor que el pretendiente rechazado sentía y los planes de éste para asesinarlo y secuestrar a su hermana. Así, cierto día en que llegó un extraño con la intención de entrevistarse con él en privado, sospechó de que podía tener la intención de matarlo, por lo que preparó la recepción con gran esmero.
Finalmente, las sospechas se confirmaron y en el último momento cuando el desconocido iba a abalanzarse sobre el señor, los criados lo retuvieron y le dieron muerte, para después mezclar su cuerpo con la argamasa que estaban preparando para unas obras que se estaban haciendo en el castillo.
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