PERATALLADA

Situada en la provincia de Girona, en el corazón del Empordá,  se encuentra esta localidad que fue declarada Conjunto Histórico-Artístico por ser uno de los núcleos de arquitectura medieval más importantes y mejor conservados de Cataluña.

 

Según diversas referencias, los primeros orígenes de Peratallada fueron posiblemente calcolíticos, posteriormente con mejor conocimiento de restos arqueológicos, la cultura romana se asentó en la villa.

Fue una de las poblaciones catalanas mejor fortificadas. El sistema defensivo era formado por tres recintos de muralla (el principal con el castillo en el centro y otros dos que estaban en el norte y levante) protegida por el foso excavado en la roca. La parte visible de éste, tiene una profundidad de unos 7 u 8 metros. Destaca el castillo fortificado con su torre del Homenaje y el palacio (s. XI-XIV), las murallas (s. XII-XIII) y la iglesia de Sant Esteve (románica de principios del siglo XIII).

El castillo de Peratallada, alrededor del cual quedó resguardada la población, fue el centro de la baronía que pertenecía a dicho linaje de los Peratallada, documentados desde el siglo XI. El castillo se comprueba que existía en 1065, pero algunas estructuras arquitectónicas parecen demostrar que en este núcleo ya hubo una fortaleza más antigua.

Cuenta la leyenda que el castillo tenía numerosos pasadizos subterráneos con salida a un bosque próximo, para que si el edificio era asediado, sus habitantes pudieran escapar.Un día, un payés de la zona que pasaba por este bosque se encontró una losa con una gran anilla. Tiró de ella y, con mucho esfuerzo, consiguió levantarla.

Entonces se introdujo en los pasadizos y descubrió un gran cargamento de habas que había almacenadas en el interior. En aquellos años de desgracias y hambre, el payés cogió tantas como pudo, pero cuando se estaba llenando la ropa, los guardias del castillo lo descubrieron. El hombre huyó a toda prisa y salió del agujero, y tanto corría que fue perdiendo toda la carga por el camino. Al llegar a casa, triste por haber perdido las habas, se quitó la ropa y oyó que algo caía tintineando al suelo. Cuando se agachó para ver qué era, vio que se trataba de un haba de oro. El hombre, entusiasmado, volvió al bosque para buscar la entrada del pasadizo, pero no la encontró. El payés buscó y buscó, pero nunca más pudo encontrar la losa con la anilla que escondía aquel gran secreto.

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